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a más alta ocasión que vieron los siglos escribió
Miguel de Cervantes calificando el acontecimiento bélico en el que
participó como combatiente, y en el que tantas esperanzas había puesto la
Cristiandad. En la colección "El mundo de Felipe II" no podía faltar un
título dedicado a la batalla de Lepanto en el que se abordara la política
del monarca hispano para contener la expansión del Imperio turco por el
Mediterráneo occidental, amenazando las costas hispanas e italianas, en
buena parte pertenecientes a la Monarquía hispana.Los asedios de Malta
(1565)y Chipre (1570), importante posesión veneciana, por la poderosa
flota otomana, concitaron las voluntades de la república de Venecia, del
papa Pío V y de Felipe II a formar una Liga para hacer frente a la armada
turca (mayo 1571). La flota cristiana, al mando de Juan de Austria,
hermanastro del rey español, y en la que participaban el veneciano
Barbarigo, Andrea Doria y el marqués de Santa Cruz se hizo a la mar desde
Messina y localizó a la flota del sultán Selim II en el golfo de Lepanto
(Neupactos), antesala del golfo de Corinto. El combate ferocísimo tuvo
lugar el 7 de octubre de 1571. Intervinieron unas 700 embarcaciones, y el
número de cristianos participantes se elevó a más de 80.000 hombres. Los
resultados de la batalla pueden calificarse de prodigiosos, según la
versión oficial del acontecimiento: 90 naves turcas hundidas y 130
capturadas, mientras que del bando cristiano sólo se perdieron 15 galeras.
España logró con aquella batalla que a partir de entonces las galeras
turcas dejaran de frecuentar el Mediterráneo occidental.
De
entre la documentación celosamente conservada en el Archivo General de
Simancas relativa a la batalla, Testimonio Editorial ha elegido las cuatro
piezas que tienen mayor significado: el documento original de la Liga
Santa, firmado por las tres partes y escrito en vitela (25, mayo, 1571);
el mapa original de la batalla, con anotaciones en italiano y dibujos de
barcos, que indica la disposición de las flotas contendientes –la turca
formando una media luna y la cristiana, una cruz–; la carta autógrafa de
Juan de Austria a su hermanastro Felipe II anunciándole la victoria (10,
octubre, 1571); y un relato anónimo, pero muy fidedigno y sin afanes
propagandísticos, en el que se relata minuciosamente el desarrollo del
combate.
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