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Los ejemplares que ostentan este título presentan unas características bien definidas en lo que respecta a estructura material, contenido y función social. Desde el punto de vista codicológico, las piezas manuscritas asignables a tal clase suelen ser auténticas joyas por la calidad de las materias primas empleadas, el esmero en la confección del producto y el despliegue de recursos artísticos. Este responde con creces a ese patrón: está elaborado con una finísima vitela y pigmentos muy depurados, la técnica artesanal es excelente y su decoración e ilustración son exquisitas. El manuscrito es por su factura un claro exponente del mejor estilo francés del siglo XV. El Libro de Horas constituye un género muy tipificado en lo que atañe a su contenido. Necesariamente debía constar de unas partes fijas, tales como un calendario, un oficio parvo de la Virgen María, los salmos penitenciales con su correspondiente letanía, un oficio de difuntos y unos sufragios. Este núcleo temático fundamental se podía enriquecer con otros textos complementarios en forma de oraciones, otras Horas y devociones diversas. En el presente caso se encuentran además los elementos canónicos Obsecro te y O intemerata, las Horas de la Cruz, las Horas del Espíritu Santo y un representativo muestrario de sufragios. Dentro de las tradiciones establecidas en este universo de prácticas piadosas, la aquí representada sigue el uso romano. Como es sabido, estos ejemplares encarnaban las tendencias ideológicas emergentes en la sociedad europea del Cuatrocientos: desarrollo del individualismo, gusto por la introspección, deseo de practicar una religiosidad desvinculada del clero, y afán de notoriedad a través del atavío -parte del mismo era el Libro de Horas, una joya ostensible- y del seguimiento de unos usos que denotaban el dominio de la lectura y la sintonía con los intereses espirituales del momento. El hecho de "dezir las Horas" suponía llevar consigo en los desplazamientos un objeto lujoso que significaba la pertenencia a un grupo privilegiado por su condición social, poder adquisitivo, forma de educación y capacidad de estar a la moda. Es decir, el Libro de Horas era un "status symbol" de la persona a quien pertenecía. El éxito de esta clase de manuscritos se tradujo en una demanda muy importante de ejemplares. Los más cotizados eran los que procedían de talleres establecidos en los Países Bajos y en Francia. Las ciudades de Gante, Brujas y París fueron auténticos emporios comerciales de obras artísticas. Entre ellas este género de productos contribuyó en gran medida a su fama. En la confección de tales libros intervenían numerosos artesanos, quienes trabajaban en la reproducción de unos modelos que evolucionaban con el paso del tiempo. Las características estilísticas se acompasaban con las nuevas influencias apreciables en otros registros culturales. El manuscrito representa un momento culminante de la técnica libraria por su perfección clásica. Sus creadores plásticos se expresan con un lenguaje que rezuma maestría en el dominio de las formas decorativas, en el programa iconográfico, en la disposición de la página y en el trazado de la escritura. El equilibrio visual así alcanzado, perceptible a través de una simple ojeada del ejemplar, tiene su correspondencia en el plano del contenido. Los textos incluídos en la obra son aquellos que gozaron de mayor favor de los fieles, antes de que se produjese el fenómeno de una piedad en exceso gustosa de efectos dramáticos y que derivó hacia manifestaciones rayanas en la superstición. La falta de exceso ornamental en el tratamiento de los margenes de las hojas, la serena belleza de las miniaturas y la elegancia en todos los pormenores convierten a este manuscrito en un ejemplo modélico del estilo francés en su momento de máxima perfección. Características:
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